En América Latina y el Caribe, las áreas rurales atraviesan un proceso de transformación profunda. Más allá de su tradicional vinculación con la producción primaria, concentran hoy un potencial estratégico para el desarrollo económico, la provisión de bienes esenciales, la sostenibilidad ambiental y la conservación cultural, en un contexto marcado por la transición energética, el cambio climático y la reconfiguración de las cadenas de valor globales. Al mismo tiempo, enfrentan desafíos persistentes en ingresos de los hogares, acceso a servicios, infraestructura y capacidades productivas que limitan su contribución al crecimiento y a la reducción de la desigualdad en la región.

Este nuevo Reporte de CAF se examina el papel del mundo rural como motor del desarrollo regional desde una mirada integral que articula población, mercados laborales, sistemas productivos y servicios e infraestructura. En este marco, el reporte caracteriza la estructura productiva y laboral de los territorios rurales, así como las condiciones de vida de sus hogares. Asimismo, identifica las brechas persistentes en el acceso a servicios e infraestructura que condicionan su desarrollo. Sobre esta base, analiza las oportunidades para elevar la productividad y promover la diversificación en sectores clave como el agro y la agroindustria, la minería y la energía, el turismo, el sector forestal, la pesca y la acuicultura, así como los desafíos asociados a la transición energética y a la creciente demanda global por bienes primarios sostenibles.

El reporte identifica los principales cuellos de botella que enfrentan los territorios rurales para desplegar su potencial, entre los que se destacan las brechas de productividad, la informalidad laboral, las limitaciones en conectividad física y digital, el acceso desigual a servicios esenciales y financieros, y los desafíos vinculados a la sostenibilidad ambiental y al cambio climático. A partir de este diagnóstico, propone un conjunto de políticas orientadas a fortalecer las capacidades productivas y humanas, mejorar la integración territorial y promover un desarrollo rural más inclusivo, dinámico y sostenible, capaz de ampliar las oportunidades y el bienestar de las personas y comunidades de la región. En este sentido, el reporte subraya que el desarrollo rural se presenta como una oportunidad estratégica que demanda políticas públicas integradas para aprovechar las transformaciones en curso y cerrar brechas históricas.

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